jueves, 14 de noviembre de 2013

Buddy Bailey: El manager con corazón de niño

Buddy Bailey emerge del dugout del José Pérez Colmenares como un emperador. No importa que intente esconderse del sol debajo de una gorra y detrás de unos lentes oscuros: esas mandíbulas que le sobresalen, y que parecen de acero, intimidan a cualquiera. Y el bate que empuña en la mano se asemeja a un bastón que acentúa su ascendencia. De pie sobre el montículo del parque aragüeño, y minutos antes de dirigir su décima pretemporada con los Tigres, se siente a sus anchas, aunque tiene una queja con la vida. “Me estoy volviendo viejo en Maracay”, exclamó con carcajada que horadó la severidad de su rostro.

El estadounidense de 54 años de edad, que escolta a Regino Otero entre los managers más ganadores de la liga, ha hecho de la capital aragüeña su hogar. Después de darse cuenta que pasaba ahí más tiempo que en cualquier otra ciudad de Estados Unidos, incluida Lynchburg, Virginia, donde todavía viven sus hermanos y sobrinos, decidió asentarse en un sitio cerca del estadio de los Tigres. Y asegura que no se arrepiente. “Allá hay muchas estaciones, y aquí, en cambio, el clima es el mismo todo el año. Yo he tenido que dirigir en ciudades en las que he temblado del frío en la primavera”, recordó. “Y a mí me gusta el clima caliente, porque el beisbol está hecho para el clima caliente”.

Pero Bailey no es un gringo cualquiera que se enamoró del clima venezolano. Durante la década que le ha tocado dirigir en el país, ha tenido un papel preponderante en la hegemonía que han impuesto los Tigres. Su estilo para dirigir, y especialmente el tino que ha tenido para cambiar a los lanzadores, ha sido tan exitoso en la liga, que no pocos técnicos han tratado de imitarlo. Pero él cree que la única diferencia entre un buen manager y otro mediocre es esa filosofía que repite sin cesar: “Hay que tener el corazón de un niño y la mente de un hombre”.

Esa no es la única premisa que rige las estrategias del exreceptor, que inició su carrera como técnico hace 28 años. “También soy un fervoroso creyente de que el fin justifica los medios”, reconoció. “Aquí el fin es ganar, y mientras no corra el riesgo de lesionar a un jugador, todo está justificado”.

Tal vez los peloteros que han estado bajo su mando sientan que Bailey se identifica más con la frase de Maquiavelo que con cualquier otra cosa, porque resulta complicado entender que alguien con su frialdad tenga el “corazón de un niño”. Pero él explica que sí es compatible pensar de las dos maneras. “Cuando hablo del corazón de un niño, me refiero a la pasión por el juego. A la energía que hay que mostrar para salir al terreno a darlo todo. A jugar sin excusas. Porque yo, por lo menos, estoy en un campo de beisbol 300 días al año”, razonó. “Y la mente de un hombre es para ser disciplinado. En este deporte hay que tener un carácter fuerte, porque uno se enfrenta a muchas adversidades. Los mejores bateadores fallan siete de cada diez veces, así que tienen más fracasos que triunfos. Y tienes que ser lo suficientemente fuerte para sobreponerte a ellas. La disciplina, además, te ayuda a evitar que tu ego se engrandezca cuando eres exitoso. Por eso es que uno debe ser disciplinado en el campo de beisbol y en la vida”.

Esa tenacidad, asegura, fue moldeada hace casi 50 años, cuando vivía con sus padres en Virginia. Entonces, era el hijo varón con más edad, y le tocaba hacer trabajos que forjaron su personalidad. “Yo me crié en una granja, y no tuve que esperar hasta los 18 años de edad para comenzar a trabajar. A los 8 años ya tenía que hacer muchas labores de hombres, para ayudar en la casa”, recordó. “Mi papá nos llevaba a mi hermano (menor) y a mí a cazar y teníamos que andar estar pendientes de los perros de caza. También pescaba, limpiaba el jardín y cosechaba los vegetales. Ahora miro hacia atrás, y agradezco que haya tenido que hacer eso, porque me ayudó a madurar antes de tiempo. Me gustaba jugar beisbol, pero antes de hacerlo tenía que cumplir con mis responsabilidades. Y así es en la vida”.

Bailey no tuvo una carrera fructífera como beisbolista, pues apenas jugó cuatro temporadas antes de guardar los aperos para iniciar su carrera como técnico. Pero él se siente afortunado de ese viraje. “Comencé a dirigir cuando tenía 25 años, y tuve el privilegio de poder sentarme a hablar de estrategias y de filosofías con gente que tenía 10 años de experiencia en las Grandes Ligas. Uno de ellos fue Bobby Cox, que me enseñó algunas cosas durante los entrenamientos primaverales a los que asistí como manager ligas menores de los Bravos de Atlanta. Y así, con el tiempo y la experiencia, fui moldeando mi manera de dirigir”.

El norteamericano terminó de definir su estilo en Venezuela, cuando llegó y se encontró que los planes de trabajo con los lanzadores no eran tan rígidos como los que tenía en las filiales de ligas menores que había dirigido. “Aquí tienes hombres que salen a hacer el trabajo como en las Grandes Ligas, porque el objetivo es ganar, no desarrollar a los peloteros. Y, ¿sabes? Esa es una de las cosas que más me gusta de dirigir aquí”, dijo con la sonrisa de quien se reconoce culpable de una travesura. “Si tengo nueve relevistas, puedo usar a los nueve relevistas”.

Esa manera de manejar un equipo de beisbol ha sido su firma personal, y ha signado el éxito de los Tigres, que desde que están bajo el mando de Bailey han asistido a siete finales, han ganado cinco campeonatos y una Serie del Caribe. “Al principio quería venir tres años nada más, pero después nos convertimos en un equipo exitoso y me convencía de que tenía que venir un año más y un año más… Hasta que hubo un día que dejé de pensar en eso, y compré una casa aquí”, relató.

Después de 10 años en el país, Bailey se siente medio venezolano. Ha aprendido a decir algunas palabras, aunque confesó que a veces, cuando lo interpelan en la calle por haber perdido un juego, se hace el que no entiende. “La primera vez que me llamaron para venir a dirigir aquí, lo único que sabía de Venezuela era que estaba en Suramérica”, dijo en medio de una carcajada. “Creo que eso me ayudó a ser exitoso, porque no esperaba más nada que no fuera beisbol. Así que durante los primeros años que estuve aquí, lo único que hacía era ir del hotel al estadio y del estadio al hotel”.

Ahora, mientras aguarda que empiece su décima temporada en la LVBP, se permite sonreír y hasta avizora cómo será su futuro cuando tenga que dejar de dirigir. “Me gustaría quedarme en Venezuela por mucho tiempo. Aquí tengo mi casa y algunas amistades. Y quisiera que, después de unos años, algunos de los peloteros que he dirigido digan: ‘Buddy me supo usar en la situación correcta para tener éxito’. Porque quiero que la gente me recuerde”, concluyó con un tono de voz entrañable, que derrumbó por completo su apariencia adusta y severa. “También he pensado en convertirme en un fanático de los Tigres, y poder venir al estadio y sentarme a ver el juego sin la responsabilidad de ser manager. Sería bueno tomarme una cerveza, comerme un perro caliente y divertirme haciendo cosas que no puedo hacer ahora, porque ni siquiera puedo ver a las bailarinas que salen entre innings”.

Pero mientras llega ese día, Bailey seguirá dirigiendo con ese estilo tan particular, que combina el corazón de un niño y la mente de un seguidor de Maquiavelo. Una fórmula que ya le ganó un distinguido sitial en la historia del beisbol venezolano.

Esta información fue publicada por el diario Meridiano hace dos años. Visite www.meridiano.com.ve

jueves, 31 de octubre de 2013

Socolovich espera lanzar en 15 días

Socolovich / ELYXANDRO CEGARRA
Miguel Socolovich desea lanzar con el Caracas, y ayer se reportó con miras a hacerlo hacia el 15 de noviembre. Sin embargo, reconoció que de concretarse una renovación para volver a la liga japonesa, es probable que su equipo en la Nippon Professional Baseball le prohíba lanzar en Venezuela.


"Ya lancé unas cuatro sesiones de bullpen antes de venir, así que estoy en forma", dijo el relevista de 27 años de edad, que la temporada pasada tuvo que abandonar al equipo por órdenes de su organización en el circuito nipón.

"Este año no lancé mucho, porque tuve una lesión en el hombro y después otra en la ingle, pero entre las ligas menores y el equipo grande de Japón, tiré 23 innings y solo permití dos carreras", señaló.


Socolovich indicó que en dos semanas sabrá si será agente libre o si será renovado por los ToyoCarp de Hiroshima. Será entonces cuando decida si podrá lanzar esta campaña con el Caracas, o si deberá descansar por mandato de los nipones. "Pero yo quiero pitchar aquí", concluyó el derecho. 

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Vizquel impartió las primeras lecciones

ELYXANDRO CEGARRA
Omar Vizquel no puede pasar inadvertido ni que quiera. Ayer saltó al Universitario por primera vez como coach, pero era fácil distinguirlo, por un ribete que dejaba claro su generalato en el beisbol: una especie de platina dorada sobre su guante de práctica, que lo delataba como el ganador de 11 Guantes de Oro.

Parado en el campocorto donde comenzó su brillante carrera, el extorpedero impartió sus primeras lecciones como técnico del Caracas.

"Fue más que todo una reunión familiar", dijo Vizquel, que ayer usó la dorsal 23 por primera vez desde que fue retirada en su honor. "Tuve la oportunidad de trabajar con los infielders. El manager (Dave Hudgens) me dio la bienvenida y me presentó ante todos. Ahora estaré al lado de él y de (Rick) Sweet (coach de banca), para ver qué puedo aprender para mi futuro como manager o coach".

No fue una tarde nostálgica para el venezolano con más hits en las Grandes Ligas (2.877). "No porque eso lo sentiré cuando me vaya", aseguró. "Aunque sí tuve algunos recuerdos, porque me pareció extraño ver tantas guacamayas. Eran como cinco o seis, pero estaban por todos lados. La única vez que vi  eso fue en la Gran Sabana. Cuando yo venía como jugador, solo había unas palomas blancas y tortolitas".

Vizquel estuvo desde temprano trabajando con los infielders. Sobre todo con una de las promesas del club, Eugenio Suárez. "Es difícil llegar un día y ver detalles, pero le dije unas cosas que le pueden ser de beneficio", señaló el instructor.

Para eso estará el caraqueño de 46 años de edad, que tuvo una introducción digna de él. "Le dije a los muchachos que no es muy común que tengan la oportunidad de trabajar con un tipo que fue tan exitoso en las Grandes Ligas y que es, probablemente, el mejor campocorto salido de Venezuela, con todo el respeto de David Concepción", dijo Hudgens. "Ojalá los muchachos aprovechen eso, porque es un buen tocador de bolas, dio muchos hits y ganó muchos Guantes de Oro. Definitivamente le aportará mucho al club durante el mes que estará aquí".

El estratega no solo le pidió al exinfielder que corrigiera los detalles defensivos que viera. También le asignó la tarea de ayudar a mejorar el corrido de bases y a aumentar las estafas.

ELYXANDRO CEGARRA
"Un corrido de bases agresivo puede cambiar un juego, si un pelotero llega de primera a tercera", advirtió Vizquel. "Por eso me dijeron que estuviera pendiente de eso. Y de las bases robadas. Creo que los puedo ayudar en eso. Tal vez aquí no se ha utilizado eso porque hay muchos toleteros, pero estoy seguro que se puede mejorar".

Para lograrlo, Vizquel quiere que los jóvenes le pregunten más. "A veces se les ve el miedo de hablarle a un grandeliga que ha tenido éxito, y tengo que decirles que no hay preguntas estúpidas", señaló.


Sin embargo, la platina dorada sobre su guante le recuerda a todos quién fue y cuántas batllas ganó dentro del terreno de juego. Y eso, seguramente, infunde el respeto y miedo que sienten los jóvenes al dirigirse al general del campocorto. 

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martes, 29 de octubre de 2013

Omar Vizquel se une hoy al cuerpo técnico

Vizquel / ARCHIVO BDA
OmarVizquel volverá a usar la dorsal 23 de Leones del Caracas hoy, en el estadio Universitario.

El ex campocorto, de 46 años de edad, aprovechará el duelo contra Navegantes del Magallanes para reaparecer con el uniforme que le retiraron los capitalinos hace seis años.

“Estoy ansioso por volver, porque es una de las cosas que quería hacer: trabajar con el Caracas como coach”, dijo vía telefónica Vizquel, que se desempeñará como un instructor especial que ayudará a los infielders.

El ganador de 11 Guantes de Oro, que este año trabajó como coach de infielders de ligas menores de los Angelinos de Los Ángeles, estará durante un mes con el Caracas, antes de regresar a Estados Unidos para atender asuntos personales.

Sin embargo, dijo que su pasantía como coach del Caracas será fundamental para su formación como técnico.

“Quiero aprender muchas cosas de este beisbol”, señaló Vizquel. “Una de las principales cosas de las que estaré pendiente es sobre cómo se llevan los límites y las restricciones que se imponen aquí con los lanzadores y con algunos jugadores de posición. Lo demás es más fácil, porque el beisbol es el mismo en todos lados”.

Sin embargo, reconoció que será raro trabajar como técnico al lado de jugadores que compartieron con él cuando todavía era campocorto. Los casos son específicos: Bob Abreu y Ugueth Urbina.

“Claro que quiero volver a estar con ellos. He compartido fuera del terreno con ellos, pero tengo años sin estar con ellos en un clubhouse”, señaló Vizquel. “Claro, será un poco extraño porque ahora estaré como coach y yo, por mi experiencia como jugador, sé que a veces los coaches toman decisiones que no les gustan a los  jugadores. Pero estoy claro que yo vine como técnico y que tengo que tomar decisiones. Estoy claro que me toca estar del otro lado”.

Escucha ofertas

Omar Vizquel reiteró que está listo para asumir un cargo de manager de Grandes Ligas, pero admitió que difícilmente reciba una oferta para este año.

“En este momento no me van a llamar porque yo sé que a los equipos les gusta entrevistar a gente con más experiencia como coach, así que estoy listo para seguir aprendiendo”, destacó Vizquel.


Mientras llega esa oportunidad, el técnico seguirá con Los Ángeles. “Tengo contrato para la próxima temporada con los Angelinos”, señaló. “Pero si me llaman para ser coach de Grandes Ligas, escucharé la oferta”.

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Leones ha mejorado la defensa

Gregorio Petit / AVS PHOTO REPORT
David Davalillo sostiene que cada año hay que hacer ajustes, algo lógico y casi lugar común. Pero lo que ha hecho Leones con sus guantes ha sido notable.

En lo que va de temporada, los capitalinos han lavado la cara del conjunto que el año pasado cometió 85 errores, la segunda cantidad más elevada de la LVBP. Davalillo, coach de tercera base y encargado de alistar a los infielders, ha contribuido a ese cambio a pesar de que el equipo cuenta con casi los mismos jugadores.

“El éxito se debe a que este año casi tGregorio Petit llegó esta temporada sano y en buena forma, algo que no tuvimos el año pasado”.
odos los infielders estaban en Venoco (sede del club en la pretemporada), y eso nos permitió enfocarnos en trabajar la defensa”, dijo el técnico, que el año pasado se desempeñó como coach de banca. “También hay que notar que (el campocorto)

Con Petit sano en el eje central de la defensa, el equipo tiene la tercera cantidad más baja de errores (11), lo que ha significado un .982 de porcentaje de fildeo. Mucho mejor que el .965 de la 2012-2013.

Pero el mirandino no es el único jugador que ha llevado al Caracas a ser uno de los mejores equipos defensivos en lo que va de torneo. Davalillo señala que uno de los factores clave ha sido el trabajo con el antesalista Carlos Rivero, quien fue el que más yerros sumó el año pasado (13).

“Hicimos unos ejercicios para mejorar su reacción”, explicó el instructor. “El año pasado tuvo problemas para dar ese primer paso para coger los rollings, así que  nos enfocamos en eso. Ahora tiene más alcance y posiciona mejor el guante cuando fildea la bola”.

El técnico recordó que los jardineros también cometieron muchos errores el año pasado (15), pero el cuerpo técnico ha contribuido a mejorar eso. “Ahora tenemos a Willie (Wilfredo Romero, el coach de outfield que el año pasado todavía era jugador activo) y también tenemos a Antonio (Armas), coach de bateo) y (Jon) Nunnally (asistente de Armas), que fueron jardineros”, advirtió. “Tener tantas voces para los jóvenes ha ayudado a corregir los detalles que faltaban”. 

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sábado, 26 de octubre de 2013

La vida le sonríe a Daniel Mayora

Daniel Mayora / Foto: DAGNE COBO
Daniel Mayora no es un hombre mal encarado. Pero por estos días derrocha sonrisas.

Después de seis temporadas con Leones, finalmente es considerado una figura. Se ha convertido en una habitual solicitud de los periodistas que lo quieren entrevistar y el manager Dave Hudgens lo tiene como su tercer bate, un lugar reservado para el que se supone debe ser el mejor toletero del lineup.

Cuando sale del terreno, también le sobran razones para sonreír. “Es tan especial la cosa, que cuando llego a mi casa, se me olvida cualquier problema que pueda tener”, confesó el varguense de 28 años de edad, con los ojos iluminados por una alegría legítima. “Veo  a mi chamo (Abraham Alejandro) y se me olvida todo. No importa que estén dando un juego de pelota en la televisión, porque la apago para estar con él. Yo comienzo a verlo y abrazarlo y él se ríe... estar con él es algo que me relaja mucho”.

Ese padre entregado a su primer vástago se ha convertido en el bateador más temible de la LVBP. Aunque comenzó la temporada sin un puesto fijo en el lineup, se ganó el lugar más encumbrado y ahora lidera el circuito en average (.477), hits (21), dobles (6), bases alcanzadas (36), extrabases (9), slugging (.818) y average con hombres en base (.524).

Cada uno de esos números ha conllevado una dedicatoria a Abraham Alejandro. Sobre todo los tres jonrones, que los ha celebrado apuntando hacia las tribunas de la izquierda, cuando pasa por tercera.

“Yo sé que él y mi esposa me están viendo en cada juego, así que les volteo hacia donde están y les dedico todo lo que hago”, aseguró Mayora.

Pero hay alguien más a quien Mayora le agradece el buen momento que atraviesa. Alguien que lo ayudó a erigirse como el mejor bateador del Caracas en las primeras semanas del torneo: el manager del equipo de liga independiente donde jugó este año, WillieUpshaw.

El otrora inicialista de los Azulejos de Toronto, que llegó a ocupar el 11° en las votaciones para el Jugador Más Valioso de la Liga Americana en 1983, terminó de pulir su swing.

Mayora se enorgullece cuando recuerda que trabajó con él. “Ese fue coach de Barry Bonds en San Francisco... imagínate”, advirtió. “Él me dijo que tratara de darle a la bola con las dos manos, porque yo tengo fuerza. Me dijo que podía sacar varias pelotas y me ha ido bien así”.

El nativo de Naiguatá describió a Upshaw como un “señor paciente, que no mete presión y que le gusta hablar de bateo”.

Esa pasión por el arte de batear le dejó anécdotas que Mayora recuerda divertido. “Si perdíamos pero dábamos 10 hits, él estaba contento. Lo de él era batear, no le importaba más nada”, contó.

Empero, el proceso de aprendizaje terminó abruptamente, porque nació Abraham Alejandro y Mayora tuvo que regresar al país antes que concluyera la ronda regular.

“Cuando me despedí, le di las gracias y le dije que solo me venía porque iba a nacer mi primer hijo. Pero le di las gracias por lo que hizo por mí”, concluyó.


Los fanáticos de Leones también le deben agradecimiento a Upshaw. Después de todo, el exinicialista perfeccionó el swing de Mayora, que en los últimos días regala casi tantas sonrisas como batazos.

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JUEGO 14: Casper espantó al Magallanes

Casper Wells había advertido que no quería que lo asociaran con la comiquita "Gasparín" (Casper, en inglés), porque no era ningún fantasma amigable. Ayer se convirtió en la pesadilla del Magallanes.

El jardinero tuvo una noche perfecta, que ayudó a Leones a derrotar 5-4 a Navegantes, en el estadio Universitario.

"No soy ningún 'fantasmita amigable'", bromeó después del juego, en el que conectó un jonrón y realizó una asistencia que confirmó sus credenciales de buen defensor.

Wells sacudió un vuelacerca de dos carreras en el cuarto inning para darle al Caracas una ventaja que no volvió a perder. "No quería hacer mucho. Solo traté de hacer contacto, porque tenía un corredor en segunda", dijo el toletero.

El patrullero, además del estacazo, realizó una asistencia que puso fin a una amenaza de los visitantes. Fue en el sexto inning, y Rougned Odor intentó llegar a tercera con un sencillo de Darwin Pérez. Craso error.

"Fue una gran jugada", dijo el manager Dave Hudgens sobre el tiro que llegó de un pique al pecho del antesalista Daniel Mayora. "Aquí no conocen su brazo, pero después vieron que casi saca de out a (Lew) Ford en la primera base. En general estamos jugando buena defensa".

Esa solvencia con los guantes fue, tal vez, una de las claves del juego. No solo porque el brazo de Wells neutralizó la rebelión magallanera, sino porque José Duarte, que entró como reemplazo defensivo en el noveno inning, pegó una carrera hacia la raya para atrapar el out que selló la victoria.

"Duarte es un gran jardinero. La vez pasada que estuve aquí hizo varias jugadas para asegurar victorias, así que trato de meterlo en la parte final de los juegos", dijo el estratega.

Pero en general, Caracas venció en todos los aspectos a Magallanes. Aunque fue un juego cerrado, Leones contó con mejor labor de su abridor, su bullpen fue más eficiente y, sobra decir, la artillería produjo más que sus archirrivales.

"Nos falló el pitcheo contra Wells", reconoció el manager de Navegantes, Luis Sojo. "Fue un buen partido. Los muchachos batallaron bastante, pero no se pudieron concretar las cosas".

Mientras, en la otra acera, Hudgens le echaba flores a Yoanner Negrín, a pesar del turbulento segundo inning, en el que encajó tres carreras.

"Negrín hizo los ajustes después de ese segundo inning", elogió el timonel. "Los únicos hits que le conectaron fueron hacia el medio o a la banda contraria. Es un tipo inteligente, que tira strikes y cambia la velocidad con sus pitcheos".

"En ese segundo inning tiré muchos pitcheos en la zona, así después tiré más sinker para llegar hasta el quinto inning", dijo el as de la rotación capitalina.

Pero su labor se hubiese ido al traste de no ser por la actuación de Wells, que para el Magallanes debe ser de todo menos amigable.

"Fue divertido jugar en un Caracas-Magallanes. Vi cómo hacían la ola y tiraban cerveza", sonrió el estadounidense. "Y disfruté correr las bases después del jonrón, porque este año no corrí mucho (por la cirugía en los ojos que limitó su acción en las Grandes Ligas). Así que espero seguir corriendo varias veces más".

El periodista Gabriel Rodríguez (@GabUCV) colaboró con esta nota.
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